WINSTON CHURCHIL Dejó su cargo de Primer Ministro por una Obra de Arte

Quería comenzar con una idea que tenía desde hace un tiempo, que consistía en contar alguna anécdota curiosa, que tuviera relación con el mundo artístico. Por aquello de no escribir siempre conceptos y análisis que, a veces, se hacen arduos o incluso aburridos, si las personas que leen estos post o escuchan los audios, no están tan interesadas en estos temas. Así que pensé que quizá, la “anécdota”, podía ser una buena aliada para aprender de una forma menos académica. Es más divertida y sobre todo se hace más ameno. No sé, espero que os guste y os interese.

Voy a comenzar este nuevo apartado con una anécdota que me pareció cuanto menos curiosa, sobre todo por el poder que puede tener una obra artística, por lo que nos puede transmitir y generar.

Cómo una persona que lleva años en  política, años en el poder, que se ve a sí mismo como un hombre fuerte y autoritario y sin embargo, debido a su edad, muchos compañeros de su partido ya le habían comentado amablemente que quizá fuera hora de ser sustituido, que quizá era el momento de abandonar el cargo y retirarse, a lo que él siempre respondía con negación, entendiendo que sus cualidades seguían intactas.

Winston Churchill

Todo esto pasó cuando el personaje del que vamos a hablar hoy cumplió 80 años de edad y como regalo de gratitud, las personas pertenecientes al parlamento británico, decidieron regalarle un cuadro, un retrato realizado por el pintor Graham Sutherland. En este cuadro Winston Churchill, personaje al que me refiero, y del que vamos a hablar hoy, encontró tristemente una verdad despiadada y con ella, su decisión de dejar el cargo de primer ministro de Inglaterra.

El 30 de Noviembre de 1954, Winston Churchill se disponía a dar su discurso, ante una audiencia de 2.500 personas, incluidos Ministros del Gabinete y líderes de la oposición. El evento, sería, incluso retransmitido por la BBC. El momento más esperado era descubrir el regalo que le había hecho la Cámara por su 80 cumpleaños; un retrato. Allí estaba el cuadro, tapado con una tela. Había expectación por ver que escondía el cuadro, porque Graham Sutherland, el pintor de la obra y con el cual, Churchill había tenido varias sesiones para posar como modelo, no le había dejado ver el proceso de la pintura.

La relación del pintor y el político se había movido entre el respeto distante y la admiración, sobre todo porque Churchill compartía el gusto por la pintura, era un gran aficionado y también pintaba, pero era receloso al estilo del pintor y no sabía cómo iba a tratar la obra. De hecho, le llegó a preguntar en su primer encuentro: “¿Vas a pintarme como un bulldog o un querubín?”, a lo que Sutherland respondió: “¡Eso depende de lo que Usted me muestre!”.

Según el historiador Martin Gilbert, biógrafo oficial del Primer Ministro, Clementine Churchill (O sea, la mujer de Churchill) le escribió a su hija Mary: “Graham Sutherland es increíble. Realmente es un hombre muy atractivo y uno apenas puede creer que los diseños salvajes y crueles que exhibe provengan de su pincel. Papá le ha dado tres sesiones y ha quedado muy impresionado con el poder de su dibujo”. Sin embargo, como ya he dicho, Sutherland les había dejado ver muy poco del proceso. Cuando al final, terminó la pintura, la retiraron sin que nadie pudiera echarle un vistazo.

Y allí estaban, en la sala. Había llegado el momento más esperado. El momento de descorrer el velo que cubría el retrato del homenajeado y descubrir la obra.

Winston Churchill en la Cámara. Atrás, el cuadro

Se quitan las telas y aparece una pintura de estilo realista, expresionista; Winston Churchill sentado en un sillón, con colores tenues, apagados, terrosos. Una pequeña pausa de silencio en la sala, al tiempo, una frase de Churchill que dice: “El retrato es un notable ejemplo de arte moderno”. Lo que despertó las risas entre el público. (Había sido una forma de eludir las sensaciones y emociones que había sufrido al ver la obra).

Aquel hombre, quien había sido, por dos ocasiones, Primer Ministro de Inglaterra, muy conocido y aclamado en ese momento por su liderazgo en el gobierno en la Segunda Guerra Mundial. Militar, historiador, escritor… quien un año antes, en el 53, había recibido el Premio Nobel de Literatura. Ese hombre que había estado por más de 50 años como hombre de estado, vio, allí sentado, en aquel sillón, a un hombre mayor, envejecido, deteriorado por la edad y la enfermedad.

La opinión generalizada era que la pintura era demasiado vulnerable y poco favorecedora para un hombre con una posición tan relevante. Se dijo que representaba más un bulldog asustado que al estadista que se había enfrentado a Hitler. Pero la verdad es que, para entonces, el Primer Ministro estaba mayor y debilitado por la apoplejía que había sufrido. Allí, no estaba la imagen que Churchill había tenido de si mismo: la del hombre de acción, el líder indomable en tiempos de guerra.

¿Para qué sirven los retratos, para embellecer la realidad o mostrar la realidad?

La crítica de arte Kristy Mac Farlane dice que “la adulación ha sido todo un tema para el retratismo desde el comienzo mismo del género. En muchos retratos hay un elemento de idealización que hace que prevalezcan las fachadas de piel suave y sin poros y los ojos que brillan rozagantes. La debilidad y la vulnerabilidad no son un rasgo definitorio, sino algo que debe ocultarse y ocultarse a través de la pintura”.  

Esto me parece poco artístico y muy enfocado al engrandecimiento de la burguesía o como en otros casos, de la aristocracia.

Parece que no se entendió la postura de Sutherland como artista. Él era un pintor que capturaba lo mejor y lo peor de sus modelos, lo que él creía y entendía como “verdad”. Esta verdad, no sólo reside en el rostro de ese instante concreto retratado, sino que también, lo encontraba en el interior de la personas. Para él representar arrugas, papadas, de igual manera, gestos y expresiones que realizaban sus modelos en las sesiones que hacía con ellos y ellas, también le hacían descubrir cuestiones de la vida de esas personas, de su personalidad y así, contaba algo más con su pintura. Me parece mucho más artístico.

Decían, las personas que pretenden que un retrato cubra fallos, que para mostrar la realidad, ya estaba la fotografía. Pero eso, tampoco es del todo cierto. Yo pienso que ni la fotografía muestra la realidad tal cual, ya que existe la subjetividad del autor o autora, ni la pintura tiene por qué, en toda su expresión, obviar la realidad, ni la objetividad de lo pintado. Como ocurre en toda obra que pretenda aspirar a ser artística, ésta debe mostrar más cuestiones que la simple visión estética. La obra artística es un cúmulo de sensaciones y no se debe usar como engrandecimiento del poder.

El profesor de Historia del Arte Simon Schama, considera que esa pintura, aunque fuese detestada o más bien, no comprendida, por la familia Churchill, realmente, representa un extraordinario homenaje. Nos dice; “Lo que Sutherland vio frente a él fue una ruina magnífica, pero no hay por qué disculparse. Recuerdo Londres en ese momento: estaba lleno de magníficas ruinas de las cuales estábamos orgullosos. Churchill dijo que lo hacía parecer un pobre infeliz. No es así. Es sólo un hombre de mucha edad”.

Cuando Churchill vio su retrato por primera vez, siendo un hombre que le entusiasmaba la pintura, que la comprendía y la valoraba, que la analizaba y respetaba, y quizá por ello, al contemplar la pintura, por primera vez en mucho tiempo, se vio a sí mismo y eso lo desubicó, lo trastocó y lo perturbó. Vio su creciente debilidad, vio a un hombre débil acercándose al final de su vida, el desgaste de la vejez.

Recreación del Cuadro (Serie The Crown)

Winston Curchill, meses después, renunció como primer ministro, concretamente el 5 de abril de 1955. Dicen que debido a su creciente mala salud. Pero no estoy del todo de acuerdo, porque Churchill murió en el 65 (o sea, 10 años después, a la edad de 91 años). Yo pienso que la toma de esa decisión fue que encontró la triste verdad en una obra de arte.

La polémica no terminó aquí. Se suponía que el cuadro debía colocarse en La Abadía de Westminster, la iglesia pegada al Parlamento, a lo que Churchill se negó.

Él murió en el año 1965 y 12 años después, murió su mujer Clementine. Entonces el gobierno reclamó la obra, para finalmente colocarla en la Abadía, pero nunca se encontró. Por testimonios del Jardinero de la familia Churchill se sabe que el cuadro fue destruido y quemado el mismo año en el que fue regalado. O sea, que la obra posiblemente durar a pocos días en la casa de los Churchill. 

Este suceso, conllevó un debate sobre ¿Quién tiene el derecho sobre la obra, el propietario, que puede hacer con ella lo que le dé la gana, o el interés público que busca preservar las obras de arte para futuras generaciones? ¿Existe una clausula de este tipo cuando compras una obra de arte? Yo no lo tengo muy claro, pero supongo que algunas obras, posiblemente, sí la tengan.

El propio Sutherland no quiso entrar en polémica, limitándose a decir que esa acción fue un acto de vandalismo.

No sé si estaréis de acuerdo conmigo, sobre el poder de comunicación, de sensaciones y emociones que movió esta obra en Churchill. En fin, espero que haya sido una anécdota que os haya gustado.

Graham Sutherland

¿Qué sabemos del Autor, del pintor Graham Sutherland?

Pues Graham era un artista inglés muy respetado. Trabajó en el ámbito surrealista con acuarelas y óleos. También pintó toda una serie de objetos y formas naturales con un estilo próximo a la abstracción. En 1936 participó en la Exposición Surrealista Internacional de Londres. Y en el 1940 formó parte de lo que llamaron Artistas de Guerra, representando en ese tiempo, las minas, la industria y los daños de los bombardeos.

Era católico y en su última etapa, tiene una estrecha relación con el arte y la religión, produciendo cuadros como Crucifixión (1946) para la iglesia de San Mateo, en Northampton, o el Cristo en la gloria (1962) para la catedral de Coventry.

Es en el 49 cuando coge fama por sus retratos, realizando uno para Somerset Maugham. Era un pintor que buscaba la verdad, y no creía en la adulación del modelo.

Y con respecto al famoso cuadro, lo único que queda de él, son bocetos preparatorios que se encuentran en la National Portrait Gallery, además de 19 estudios de bocetos de dibujos al carbón y pequeños trabajos en óleo que se exhiben en la Beaverbrook Art Gallery, en Fredericton, condado de York.

Otras cosas curiosas de este texto, podría ser el Churchill como Pintor y escritor. Bien, como pintor, podría deciros que fue un gran aficionado a la pintura. Según sus propias palabras, la pintura le daba gran placer, encontrándola como un refugio a la depresión, cuando dejó el cargo.

Se le conoce sobre todo por sus escenas paisajísticas impresionistas.

Su hija escribió un libro que llamó “Churchill, su vida como pintor”. (Aunque no se encuentra en español, si que lo tenéis en inglés). El que sí está podemos encontrar en español, es uno que escribió el propio Churchil que tituló “La Pintura como pasatiempo”. Y que el texto de contraportada, creo que describe muy bien la vida de Churchill como pintor y escritor. Y dice:

“En este pequeño ensayo Winston Churchill nos habla de su pasión por la pintura y de cómo puede influir ésta en la vida de las personas. Fuera de la vida política, Churchill fue un verdadero erudito y un historiador prolífico, entre cuyos trabajos cabe destacar la obra en dieciséis volúmenes sobre las dos guerras mundiales que le valió el Premio Nobel de Literatura”.

“Llegar a la edad de cuarenta años sin haber cogido jamás un pincel o sin haber garabateado nunca con un lápiz, pasar de considerar, con un ojo ya maduro, que el acto
de pintar es un misterio o de hallarse boquiabierto frente a la obra de un artista callejero, a sumergirse de pronto en una nueva y fascinante forma de interés y de acción con pinturas, paletas y lienzos, y no sentirse descorazonado por los resultados, es una experiencia extraordinaria y muy enriquecedora. Sería una verdadera lástima desperdiciar el tiempo libre del que disponemos arrastrándonos o agitándonos por el campo de golf o jugando al bridge, haciendo cerámica o simplemente holgazaneando […] cuando todo ese tiempo se habría podido destinar, de haberlo sabido, a un mundo maravilloso de pensamiento y arte, a un jardín soleado cuyos destellos de luz y color aguardan en el bolsillo de nuestra chaqueta.”

Winston Churchill, personaje odiado por muchos, amados por otros, pero sin duda una figura fundamental para la historia de Inglaterra e incluso la del mundo.  

Como entenderéis, sobre Churchill se ha escrito mucho, se han hecho muchas películas y documentales. En ellas lo han tratado como líder político, periodista de guerra, pero también, lógicamente, lo han tratado como una persona racista, sobre todo por sus comentarios duros sobre Palestina. Otros lo consideran un héroe de la Segunda Guerra Mundial. En fin, ya cada uno o cada una que se haga su propia idea. A mí lo que me interesaba realmente, es esta anécdota que nos vincula directamente con el poder comunicador del arte.

Jorge Barroso “Bifu”

Formato Audio: WINSTON CHURCHILL dejó su cargo de Primer Ministro por una Obra de Arte en La Habitación Semihundida en mp3(01/02 a las 09:25:10) 26:52 64708183 – iVoox

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