PINTURAS NEGRAS 5 de 15 (Leocadia)

Un nuevo texto dedicado a las Pinturas Negras de Francisco de Goya. Este será el quinto y como siempre digo, os recomiendo leer los anteriores, porque en ellos se tratan cuestiones históricas y artísticas que muy posiblemente, no se repitan en este audio. Así que si os apetece, los textos son Pinturas Negras 1 de Francisco de Goya, Pinturas Negras 2 (El Perro Semihundido), Pinturas Negras 3 (Aquelarre) y Pinturas Negras 4 (Duelo a Garrotazos).

Como ocurre con todas las Pinturas Negras, ésta, de la que vamos a hablar hoy, también fue pasada de revoco a lienzo en 1874 por Martínez Cubells y por encargo de Émile d´Erlanger. Su intención era exponerlas y venderlas en la Exposición Universal de Paris de 1878. Pero tras no tener demasiada aceptación y no venderlas, finalmente las donó al Museo del Prado en 1881, donde están actualmente.

Ubicación Pinturas Negras en la Quinta del Sordo

Esta pintura, estaba situada en la sala de la planta baja de la Quinta del Sordo, en la misma pared en la que se encontraba la pintura “Dos Viejos”. Debido a su ubicación, se ha especulado, si trata su representación de la figura de la mujer joven y el propio Goya, como anciano. (Al igual que el cuadro “Saturno”). Porque, se piensa, que el montículo de tierra donde apoya la mujer su brazo, podría tratarse de la propia tumba del autor. A mí me extraña una mujer apoyada de esa manera en una tumba, pero lo veremos más adelante.

El cuadro se llama realmente “Una Manola; Doña Leocadia Zorrilla”, aunque comúnmente se conoce como Leocadia.

El análisis oficial nos habla de que la pintura, efectivamente, nos muestra el retrato de Leocadia Zorrilla, la que fuera amante de Francisco de Goya en sus últimos años de vida.

Leocadia, fue criada por su tía Juana Galarza, (tras el fallecimiento de sus padres). A su vez, su tía era la madre de la nuera de Goya, o sea, que la hija de Juana Galarza se casó con el Hijo de Francisco de Goya. De hecho, se piensa, que fue en la boda del Hijo de Goya, donde Leocadia, siendo una niña de 16 años, y el Pintor de 59, se vieron por primera vez.

A los 18 años de edad, se casa con el comerciante Judío Alemán Isidoro Weiss. Este matrimonio no dura demasiado, pero sí le da a Leocadia tres hijos; Joaquín, Guillermo y Rosario.

Dos años después del nacimiento de Rosario, Isidoro Weiss parece que denuncia a Leocadia por infidencia, trato ilícito y mala conducta, añadiendo que era de genio “altanero y amenazador”, o sea, “chula y castiza” o si lo prefiere “maja y manola”.

Por ese término, se dice que en el cuadro se puede ver una “manola” vestida de luto apoyando su codo en un montículo de tierra.

(Parece ser que una manola era una joven habitante de barrios populares de Madrid, principalmente del siglo XVIII, que se distinguía por su traje, porte y desenfado. Esto es lo que viene en el diccionario, lo he buscado, porque no conocía la palabra, ni entendía porque se llamaba así; manola).

La pintura, al tener también esa verja en el fondo, una verja similar a las que se colocaba en las tumbas, la representación que se le ha dado a esta pintura es que podría tratarse de la propia tumba del pintor y que Leocadia, vela como su viuda. (Después volveremos a este punto, para ver otras reinterpretaciones que, como estamos tratando en todos estos programas sobre las Pinturas Negras, están más enfocadas a reinterpretaciones sociales y políticas).

Efectivamente Leocadia, fue amante de Goya. La situación de Goya en ese momento era que su mujer Josefa Bayeu había fallecido en 1812 y Leocadia entro en su hogar como ama de llaves, trasladándose a la Quinta del Sordo con sus dos hijos pequeños, Guillermo y Rosario. (Y más tarde a, también Burdeos).

Se ha llegado a especular, si Rosario fue hija de Goya. Esto no se sabe, pero sí os diré que Rosario fue pintora; María del Rosario Weiss Zorrilla. Y que pintó bastantes cuadros interesantes. Tanto es así, que algunas de sus obras se le habían atribuido erróneamente a Goya. De hecho, aun no se está del todo seguro de si, por ejemplo, “La Lechera de Burdeos” es un cuadro de Goya o de Rosario.

Por desgracia, Rosario murió joven, a la edad de 28 años.

Para introducirnos más en la temática que nos concierne, debemos saber que Leocadia viajó con Goya a Burdeos. Que era una mujer igualmente perseguida por el régimen absolutista de Fernando VII, por sus conocidas ideas radicales, lógicamente, por ser compañera de Goya (igualmente perseguido) y también, porque su hijo Guillermo estuvo afiliado a la Milicia Nacional (Infantil) durante el Trienio Liberal. En este punto, también cabe destacar que sus tíos, quienes la criaron, de igual manera, en 1823 tuvieron que refugiarse en Francia, pues habían mostrado compromiso con la política de los Liberales.

Así que quizá el cuadro no nos habla de una tumba, ni la muerte del autor. De hecho, si volvemos, como siempre, a estudiar los negativos de las fotografías realizadas antes de la restauración y las radiografías de la pintura, podremos deducir que en un inicio Leocadia se encontraba apoyada en la repisa de una chimenea y no en un montículo de tierra. Con lo que la imagen coge un tono más burgués.

Radiografía del Cuadro Leocadia

Leocadia siempre había querido formar parte de la clase de los intelectuales burgueses, sin embargo ahora, se encontraba exiliada, apartada de su Madrid capital y quizá por ello, Goya rehízo la pintura y la situó en el exterior. Desde ese lugar exterior de la casa, se podía ver al horizonte la zona centro de Madrid.

Así que podemos comenzar a reinterpretar de nuevo la pintura. Sí, Leocadia parece melancólica, pero no por el túmulo funerario. Desde mi punto de vista, esto es poco verosímil; una montaña de tierra representando una tumba, o más bien, la tumba del autor. Su posición, su actitud, su vestimenta, nos dicen que difícilmente su melancolía venga de ahí. Quizá represente más una añoranza por la situación que vivía en ese momento, una melancolía por la impotencia de sentirse oprimida por un régimen absolutista, muy contrario a sus ideales…

Por una parte, en las fotografías de James Leurant, se puede observar que a Leocadia, la cubre por completo un velo transparente, cosa que se pierde en la restauración, donde solo parece cubrirle el rosto. Además, existe transparencia en la zona de los pechos, donde igualmente, en el proceso de restauración, este elegante y sutil efecto pictórico, desaparece. Y este detalle, además de ser sutil y elegante, también nos cuenta intenciones del autor.

Negativo de la Fotografía de Laurent

A su vez, tenemos esa especie de tocado trenzado que también se puede observar en los negativos. Este detalle, al igual que los pechos desnudos o blancos e iluminados, son  elementos recurridos por Goya para escenificar y hacer una alegoría de la Verdad y la Razón. Algo que se puede ver en su producción gráfica y calcográfica de posguerra. De igual manera, este cuadro tiene relación directa con Saturno y Judith y Holfernes, que ya veremos cuando les toque su turno. Pero sí os diré que en este último, su protagonista, Judith, responde con su gesto a la actitud que el pintor representó en la figura femenina de su dibujo “Divina Razón. No deges ninguno” de 1820 – 1823. (Si queréis alguna referencia de estos conceptos la podéis comparar con algunos de los grabados de la colección Los Desastres, el cuadro “Murió la Verdad. Si resucitará?” 0 “Esto es Verdadero”).

Existe algún detalle más, como los pompones blancos de los zapatos de Leocadia o sus labios pintados de rojo. (Esto nos lo describe Pierre Léonce Imbert, otra de las personas que en su momento retrato y describió las Pinturas Negras cuando aún estaban en la Quinta del Sordo). Aquí tenemos que tener en cuenta, que el color rojo, igualmente, es un signo para Goya en las Pinturas Negras y que lo aplica para distinguir personajes directamente relacionados con el sector liberal que defiende la Constitución de Cádiz de 1812.

Por si es de vuestro interés, mucha de la información que expongo en estos textos, se encuentra en el Libro “Goya al Descubierto en las Pinturas Negras y El Coloso” de Carlos Foradada, que es un gran estudioso del tema. En este apartado, concretamente, nos dice que para Goya, “el color rojo en las Pinturas Negras, tiene una clara intención, dado que dicho color figura únicamente en cuatro obras: La Leocadia, Saturno, Duelo a Garrotazos y Asmodea. Si en Saturno la sangre emana de la figura alegórica de la Verdad, en Duelo a Garrotazos la sangre cubre el cuerpo del personaje liberal apaleado. En Asmodea veremos que la figura femenina que se oculta bajo un manto rojo representa el ostracismo de la España constitucional camino del exilio en 1823. Por estos motivos, el sorprendente color rojo en la boca de Leocadia tiene las mismas connotaciones en su identidad, de modo que representa una posición similar con respecto a la Constitución de 1812, para representar con su gesto melancólico la misma pérdida de las libertades, pero en este caso la acaecida en 1814, dado que se ubica en el inicio del relato que conlleva la serie”.

Esto nos cuenta Carlos Foradada, y es muy interesante por varias razones; una porque nos da una clave para entender la pintura desde otro punto de vista, pero a su vez, nos está diciendo que en toda la colección de las Pinturas Negras, existe una relación y que en su conjunto, nos cuenta un relato. Este concepto en concreto, lo estudiaré un poco más y os lo expondré, supongo, que cuando hayamos analizado todos las pinturas.

Para mí es muy interesante, porque si la intención de nuestro colectivo es la reinterpretación de estas obras de una forma performática, la tesis de Carlos Foradada, nos está ofreciendo un orden expositivo y de igual manera, una historia, una dramaturgia. Además de una reinterpretación de estas pinturas mucho más concreta, más documentada. Al menos, nos está haciendo que indaguemos cada vez más en esta serie y que no nos quedemos con una primera interpretación freudiana, ambigua y quizá, incluso, simple.

Como sabéis las personas que hayáis leído los textos anteriores dedicados a las Pinturas Negras, desde el colectivo y como fin de una residencia de trabajo artístico que hicimos el año pasado, estamos intentado darle una propuesta escénica a estas obras. Decimos que estamos haciendo una retrospectiva performática de las Pinturas Negras. Llegamos a realizar 4 piezas; una reinterpretación de la figura femenina del cuadro El Aquelarre, la pintura Duelo a Garrotazos, el Perro Semihundido y también realizamos una, basándonos en la enfermedad que sufrió Goya, la sordera. Ninguna de estas piezas definitivas, simplemente propuestas primarias de los primeros impulsos creativos. (Aunque eso sí, algunas de ellas, ya tienen un premio en el Festival Internacional de las Artes de Valladolid).

Performances en torno a las Pinturas Negras

Nuestra intención es continuar con las demás piezas, hasta llegar a tener el total esbozado, y finalmente, plantear la obra completa. Pero bueno, todo esto irá poco a poco, según vayan sucediendo las cosas. Mi intención, no es montar un proceso de obra al uso; ensayos, estructura planificada de guión, etc. Sino que las piezas vayan surgiendo del trabajo común, de las reuniones y residencias que podamos tener. Y si finalmente, hemos tenido la oportunidad de desarrollar todos los conceptos de todas las piezas, entonces sí, realizar una propuesta final.

En fin, muy interesante este cuadro ¿no? Un ejemplo de cómo una imagen, a priori, simple; una mujer apoyada en un túmulo de tierra, puede tener esas connotaciones  históricas, sociales y políticas.

Jorge Barros “Bifu”

Texto Leocadia en formato Audio: 23×1 PINTURAS NEGRAS 5 (Leocadia) en La Habitación Semihundida en mp3(25/01 a las 10:22:13) 23:29 64405387 – iVoox

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