PINTURAS NEGRAS 4 de 15 (Duelo a Garrotazos)

En este nuevo texto vamos a continuar con este pequeño análisis que estamos realizando sobre las Pinturas Negras de Francisco de Goya. Este será el cuarto que compartimos con esta temática. Creo que estaría bien, si te interesan estos temas, que vayas a los tres anteriores, porque en ellos hablo cuestiones y doy información de las Pinturas Negras que muy posiblemente no salgan en éste, por aquello de no repetir información, ni histórica, ni artística. He hablado de las Pinturas Negras de una forma genérica en PINTURAS NEGRAS 1 de 15. En el segundo, sobre el Perro Semihundido, el tercero fue en torno al cuadro el Aquelarre y en este caso, le toca el turno a un cuadro que bien podría parecer una escena normal, aunque siempre desagradable; una pelea. A simple vista parece eso; una riña entre dos agricultores o ganaderos. Dos personas peleando en un campo abierto. La interpretación tradicional nos cuenta de dos villanos luchando a bastonazos en un paisaje desolado, enterrados hasta las rodillas. Pero ¿realmente están enterrados hasta las rodillas?

Era lógico pensar que el cuadro representara eso; una pelea a bastonazos, ya que era un tipo de duelo realizado en la época. Y bueno, es innegable que la imagen nos muestra eso mismo, digamos que desde su visión objetiva podríamos afirmar que vemos una pelea, pero muy posiblemente, como en todas las Pinturas Negras, quizá el cuadro nos revele algo más, si profundizamos e indagamos en una cuestión un poco más subjetiva. Igualmente, en la parte objetiva, podrían cambiar ciertas cosas al comparar los cuadros con los negativos de las fotografías que realizó Laurent.

En fin, como siempre ocurre con las Pinturas Negras, nos encontramos ante el misterio de lo que podría ser, porque nunca se está del todo seguro para afirmar la interpretación de lo que Goya quiso transmitir. Y no digo con esto, que solo por esta ambigüedad en las que se encuentran estas pinturas, son interesantes. Por supuesto que no; la técnica aplicada en un momento en el que dominaba el estilo del romanticismo, preciosista y elaborado, en estas pinturas está totalmente ignorando rompiendo con los cánones del momento y planteando una visión que más tarde se asentaría como impresionismo y expresionismo. 

Vamos con lo que nos corresponde hoy, el cuadro “Duelo a Garrotazos”.

Duelo a Garrotazos de Francisco de Goya

Si habéis leído u oído los textos anteriores dedicados a las Pinturas Negras, ya sabemos que fueron realizadas entre 1819 y 1824 en la casa de Goya, La Quinta del Sordo. Estancia que tuvo en la época, hasta su exilio a Burdeos.

Era un momento en el que Fernando VII estaba imponiendo castigos a aquellas personas que llamaban afrancesados. Después de la Guerra de la Independencia, España se dividía entre los progresistas y los moderados. Y bueno, volveremos a este punto un poco más adelante.

Los críticos de arte extranjeros del siglo XIX, pensaron de este cuadro que representaba una costumbre rural española de la época. (Y no me extraña, en pleno siglo XXI siguen viendo algunas costumbres como el Flamenco (me refiero a la parte más rancia) y los toros (gusto del Medievo), como la parte más “autentica” y “salvaje” del arte español. Y por supuesto, ellos no tienen la culpa; a ver si se deja de vender la “Marca España” como una oferta folclórica retrógrada y se comienza a exportar la calidad artística que realmente genera este país).

En fin, perdonadme que me haya metido en este barrizal, pero creo que viene al caso.

Por supuesto que muchos intelectuales del momento ya interpretaban esta pintura, no como una escena costumbrista, sino que intuían que existía una alegoría con el estado político del momento.

Es un cuadro que ha tenido diferentes interpretaciones, sobre todo simbólicas; como la muerte implacable, una discordia entre hombres o algo quizá más cercano, las guerras civiles. Incluso podemos decir que Yriarte escritor francés (1832-1898), que fue un estudioso de Goya y su obra, llegó a decir que como todas las Pinturas Negras, ésta, era una obra inacabada. En su momento tenía cierto sentido, ya que la técnica pictórica utilizaba, se saltaba todos los cánones de la época.

Goya juega a la descentralización de los personajes principales y los expone con colores oscuros en primer plano. Por el contrario, el paisaje lejano lo plantea a contraluz y con colores más luminosos. La pincelada es suelta y con poca pintura. Todo ello, podemos decir que estaba fuera de lo estipulado por los academicistas del neoclásico.

Como hemos hablado en los textos dedicados a los otros cuadros, debemos tener en cuenta los negativos de las fotografías de Laurent a la hora de interpretar Duelo a Garrotazos. ¿Por qué? Pues porque existen cambios significativos después de la restauración realizada por Martínez Cubells. El cuadro no era exactamente como lo vemos en el Museo del Prado y quizá, la parte más significativa, es la que ha dado muchas de las interpretaciones que conocemos. El hecho de que los protagonistas no estén semienterrados, sino que la pintura de la base del cuadro no sean más que hiervas, a las que Cubells, al realizar la restauración, cubrió con una capa terrosa, dando el aspecto de que los personajes estaban enterrados hasta las rodillas.

Comparación cuadro actual con los negativos de las fotografías de Laurent.

Como nos cuenta el Profesor de Arte Carlos Foradada en sus estudios sobre las Pinturas Negras, y he de deciros que este señor lo he citado varias veces, y bueno, lo seguiré citando, porque mucha de la información que aparece en estos escritos que hago, tienen que ver con esos estudios que refleja en su libro “Goya al Descubierto, en las Pinturas Negras y el coloso” y que de alguna manera fue lo que me animó a hacerlos. La inquietud, ya me venía de antes, pero investigando sobre el tema, di con este libro, que en estas cuestiones es muy enriquecedor y aclaratorio.

Bueno, lo que nos viene a decir que, igualmente, existe un elemento perdido en la restauración que podría ser concluyente en la reinterpretación del cuadro; la Flor Blanca que aparece en la chaqueta del personaje del lado izquierdo, desde nuestro punto de vista, si observamos el cuadro.

Ese elemento, como ya he dicho, en la restauración se perdió, y quizá tenga unas connotaciones interesantes que ahora veremos.

Pero para finalizar con las diferencias entre pintura y restauración, citaré la pérdida de un pedazo de camisa en el cuelo del mismo personaje, las elaboradas pinceladas que presentaba su pelo y algunos detalles de su chaqueta. De igual manera, en el fondo de cuadro se pierden detalles como zonas con un poco de nieve, un puente y unos toros.

Foradada dice al respecto que se representa “la época del año, precisamente, cuando los pastores llevan su rebaño a los prados de las montañas que emergen tras el deshielo. La vida, por tanto, y con ella el tiempo nuevo se abrirá camino a pesar de los golpes del invierno, al igual que sucedió durante este periodo que dio lugar a nuestra época contemporánea”.

Existe una interpretación contemporánea de las Pinturas Negras que aluden a cuestiones sociales y políticas del momento. En aquella época existía una España fragmentada entre liberales y el antiguo régimen. Parece ser que Goya quiso plasmar con este cuadro, la represión y las venganzas generalizadas por parte de los sectores afines al régimen absolutista de Fernando VII, en un enfrentamiento dramático de las dos Españas, una eterna lucha de ideologías.

Como siempre ocurren con estas pinturas, no queda clara la intención de su autor, ya que él, igualmente, estaba amenazado y era necesario enmascarar el mensaje directo.  Si a éste le sumamos la transformación de la obra después de su restauración, el enigma queda aún más expuesto a diferentes interpretaciones.

Pero aquí nos encontramos con la flor blanca de la solapa. Foradada cree que esta flor representa a la España liberal y por el contrario, el personaje de la derecha, pintado con colores oscuros representaría, afirma, la inquisición y la represión. Se basa en el estudio de la obra del autor y en su simbología con los colores y las figuras a lo largo de su carrera.

Primero dice que el punto de vista que tiene la persona que observe el cuadro, la sitúa en el mismo terreno que los protagonistas, o sea, que nos incluye dentro de la obra. Por otra parte, nos asegura que la interpretación a la que nos ha llevado la restauración de Cubells, donde los personajes están semienterrados, con lo que el duelo necesariamente tiene que concluir con la muerte de uno de los combatientes, no es necesariamente así, tras la nueva reinterpretación en la que no están enterrados. Lo que le otorga al conflicto un carácter circunstancial. Y respecto a la flor banca, nos viene a decir que raramente una persona que se dedique al ganado llevaría este símbolo en un momento laboral, con lo que debía significar otra cosa; quizá un evento nupcial. El autor nos cuenta que el enfrentamiento se debe a los casados con la verdad y la razón (elementos que en otros cuadros ha expuesto con el color blanco), y que se podía tomar como la Constitución de Cádiz de 1812, la cual defendían los liberales y el asedio por parte del régimen absolutista. “Hay que tener en cuenta que en estos momentos la balanza política se ha inclinado definitivamente del lado de Fernando VII, pues los Cien mil hijos de San Luis, apenas encontraron resistencia en la capital española. Este contexto da coherencia a la situación en la que está sumido el personaje liberal que lleva la flor blanca, puesto que está encajando la mayor parte de los golpes, con relación a su adversario, más entero y decidido”.

Esto es algo que ha perdurado en España a lo largo de la historia. Quizá, incluso podríamos decir que todo este momento histórico desembocó en la Guerra Civil Española. Y ¿Por qué no? en las ideologías políticas contrapuestas vistas hoy día en el parlamento español, donde no dejan de ofrecernos escenas de enfrentamientos verbales, contradictorios, absurdos y muchas veces ridículos…

En fin, no voy a entrar en moralidad política ni histórica, pero lo que sí puedo observar al respecto, es que existe, desde mi punto de vista, en este cuadro, una alegoría contemporánea en el aspecto político y social que vivimos.

En la propuesta performática que realizamos sobre esta obra intentamos llevar este concepto a la escena. Aunque en un principio, nos imaginamos una coreografía de dos bailaores flamencos semihundidos en arena. Por una parte, nos ofrecía la necesidad de transformación de expresión coreográfica, pues los bailaores se verían limitados al extraerle uno de sus mayores efectos, como es el taconeo. (He de aclarar que todas las propuestas que estamos realizando sobre esta colección, van desde un punto de vista flamenco, o más bien, usamos el flamenco como modo expresivo). Como decía, queríamos enfrentar dos bailaores que no pudieran mover sus piernas, que no pudieran desarrollar su coreografía por el espacio escénico de una forma natural y libre, volviéndose esclavos de sí mismos y de su propia situación, viéndose evocados a una continua lucha, como dijo Yriarte, a muerte.

Pero todo ello, después de releer este libro del que os hablo, cambió, por el hecho de que pensábamos que Goya nos ofrecía una oportunidad, una visión esperanzadora de dialogo. Quizá nos estaba diciendo que ese duelo no tuviera porque tener, irremediablemente, un final fatídico.

Performance realizado en el TAC de Valladolid (Reinterpretación del cuadro “Duelo a Garrotazos”)

Finalmente, cambiamos de idea y decidimos bailar un discurso político, concretamente textos del debate político anterior a las elecciones y algunos que surgieron en el congreso. Los entremezclamos y conseguíamos tener un ambiente aún más discordante si cabe. Escénicamente introducimos el yeso, como elemento que se iban arrojando los bailaores/luchadores a medida que se desarrollaba la coreografía. Esto nos ofrecía una estética y un efecto en el taconeo. La escena terminaba, casi como un campo de batalla, lo que nos ofreció imágenes muy interesantes y bellas.

Intentamos representar las riñas políticas, líneas divisorias, ideologías fragmentarias… y que la lucha ya no es ni de liberales contra el régimen absolutista, ni de derechas o de izquierdas, realmente hablamos de igualdad y equidad. De extrema pobreza frente a la extrema riqueza. De la moral y lo ético, frente a la inconsciencia. De los intereses comunes, frente al individualismo.  De la solidaridad frente a la economía capitalista despiadada. En definitiva, de la predominancia de lo universalmente ético.

Jorge Barroso “Bifu”

FORMATO AUDIO IVOOX Duelo a Garrotazos: 19×1 PINTURAS NEGRAS 4 (Duelo a Garrotazos) en La Habitación Semihundida en mp3(14/12 a las 09:50:29) 22:06 62300395 – iVoox

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