PINTURAS NEGRAS 3 de 15 (El Aquelarre)

Aquellarre es la forma genérica de denominar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos.

Como curiosidad os diré que este término tiene su origen en la palabra vasca “akelarre” que significa campo o tierra de cultivo. También se emplea ampliamente en las obras de ficción y fantasía para definir a los clanes o grupos brujescos que se juntan para efectuar ceremonias mágicas y encantamientos, tanto benévolos como maléficos.

Seguimos con nuestro pequeño estudio sobre esta enigmática obra; Esta será la tercera entrega y si lo deseas puedes leer en el blog o escuchar en el IVOOX las 2 anteriores para, como siempre digo, no tener que repetir conceptos históricos o artísticos, de los cuales ya se han hablado en estos textos anteriores.

Hoy os hablaré de El Aquelarre, uno de los cuadros más conocidos del autor y que podremos comparar su estilo, su evolución, con otro que realizó años antes con ese mismo título, pero que nada o casi nada tienen que ver con este que realizó en La Quinta del Sordo. La luminosidad, la técnica aplicada, nos lleva a un mundo oscuro, en una época en la que hablar sobre brujería, estaba prohibido.

El Aquelarre (Francisco de Goya)

La época, como ya sabemos, nos situamos entre el año 1820 y 1824 y necesitamos saber que en esta época la brujería estaba prohibida, pero quizá, por ese difícil momento por el que pasaba la sociedad, paradójicamente, también estaba de moda, incluso en la aristocracia. Así que Goya pintó este Aquelarre de enormes dimensiones 140,5 X 435,7 cm, que se suponía, mostraba el misticismo, lo enigmático, lo prohibido… Y como protagonista, el “Gran Cabrón”, el demonio. ¿O no es esta la única figura principal? Ahora volveremos a este punto.

James Laurent, como ya sabemos, fotografió las Pinturas Negras antes de extraerlas del  muro para pasarlas a lienzo. Este negativo se compone de dos, por el gran tamaño de la obra. Por dichos negativos, podemos saber que el cuadro era de mayor tamaño que el que podemos observar en el Museo del Prado, pero en su restauración, en el momento de la extracción del muro, uno de sus laterales, concretamente el lado izquierdo del cuadro, sufrió una considerable reducción; más de un metro se perdió en esa manipulación. O sea, que el cuadro, realmente, media 144,6 x 585,4 cm.

De esta manera, en su composición original, no es exclusivamente el diablo quien está centrado en la imagen, sino que la mujer de la silla del lado izquierdo del cuadro, toma posición geométrica de igual importancia. 

Pensaba que esta cuestión fue una decisión del restaurador Martínez Cubells que no tuvo en cuenta esta composición y se quedó en las limitaciones que marcaban los personajes, pero no es así; En Julio de 1875 el periódico madrileño El Globo reseño que Martínez Cubells había conseguido trasladar con éxito El Aquelarre, que es nombrado como “Asamblea de Brujos y Brujas”, “un hermoso lienzo de más de cinco metros de largo”. Entonces, esta cita prueba que el restaurador trasladó la pintura completa, y que fue posteriormente cuando sufrió recortes en los lados, quizá para encajar en un espacio limitado en la exposición de Paris.

Sea como fuere, hemos perdido el fondo de la mujer, que a partir de los negativos de las fotografías podemos ver que el fondo es atmosférico y no compite directamente con el del diablo. Pero ¿por qué quiso Goya poner estas dos figuras al mismo nivel?

El Aquelarre (Comparación tamaño negativos de las fotos con el cuadro)

De hecho, la pintura sufrió algunas modificaciones más, como que el diablo, tal cual está el cuadro hoy día, es monocromo, quiero decir, que no tienen volumen. Sin embargo, en los negativos de las fotografías realizadas antes de su extracción del muro, vemos que Goya le aplica contrastes a la túnica, la cara y la cornamenta, haciendo que esta figura esté más integrada en la escena.

También sutiles cambios se pueden ver en la figura femenina, como la prenda del cuello y su propio pelo.

Estos dos personajes principales, según la interpretación de Nigel Glendinning, el macho cabrío, que representa al demonio y tiene la boca abierta, y estaría dirigiéndose a la  joven, que al parecer está siendo postulada a bruja.

En general, en el cuadro, todas las figuras tienen aspecto grotesco y sus rostros están fuertemente caricaturizados, hasta el punto de haber animalizado sus rasgos. Por otro lado, la paleta es, como en todas las Pinturas negras, muy oscura, con abundante uso del negro. Algunas manchas de blanco muy veladas traslucen sombras también oscuras, y el resto de la gama va desde los amarillos y ocres hasta las tierras rojas con alguna pincelada a manchas azules.

Todos estos rasgos dotan al conjunto de una atmósfera de pesadilla, de ritual o ceremonia satánica… “Parecen pesadillas de un espíritu soñador e inquieto” Decían. Y quizá algo tuviera que ver con esta ensoñación, buscando la alegoría de la sociedad, desvirtuando la pintura y enmascarándola en un halo de ambigüedad para, y de esta manera, evitarse problemas con la inquisición.

(Que por cierto, el otro día descubrí una palabra que dentro de la escritura significa eso mismo; técnicas que permiten ocultar mensajes: “Estenografía”. Viene del griego “steganos” que significa cubierto u oculto. A lo mejor es una palabra común, pero yo no la conocía y me ha parecido curiosa).

Ocultar información en el cuadro o el tema de la brujería, no era nada nuevo, por ejemplo, “Los Caprichos” es una colección de 80 grabados que realizó Francisco de Goya a finales del siglo XVIII y que representa una sátira de la sociedad española de la época, sobre todo de la nobleza y el clero.

Varios cuadros de la serie Los Caprichos de Francisco de Goya

Los 40 primeros grabados son más realistas y satíricos, criticando desde la razón el comportamiento de sus congéneres. La segunda parte, en los siguientes 40, abandonó la racionalidad y representó grabados fantásticos donde mediante el absurdo mostró visiones delirantes de seres extraños y brujería.

Dejadme que haga un pequeño paréntesis en el tema que nos ocupa, porque la historia de estos grabados también es interesante y de alguna manera tiene cierta relación con las formas de pintar Las Pinturas Negras.

Goya, muy relacionado con los ilustrados, compartía sus reflexiones sobre los defectos de su sociedad. Eran contrarios al fanatismo religioso, a las supersticiones, a la Inquisición, a algunas órdenes religiosas… Aspiraban a leyes más justas y a un nuevo sistema educativo. Todo ello lo criticó humorísticamente y sin piedad en estas láminas.

Consciente del riesgo que asumía y para protegerse, dotó a algunas de sus estampas con rótulos imprecisos, sobre todo las sátiras de la aristocracia y del clero. También diluyó el mensaje ordenando ilógicamente los grabados.

Se editó en 1799, pero al perder el poder Godoy y los ilustrados, el pintor retiró la edición de forma precipitada por temor a l a Inquisición. Solo estuvo a la venta 14 días. En 1807, para salvar los Caprichos, amenazado por esta orden, decidió regalar las planchas al rey Carlos IV. Éste, al verlas, pensó que eran bonitas y divertidas, con lo que la inquisición ya no quiso meterse en problemas. Goya, inteligentemente, había salvado, tanto sus cuadros como su propio pellejo.

Volviendo al tema de las Pinturas Negras, como he dicho anteriormente, el tema de la brujería, aunque prohibido, también estaba de moda. Años antes de realizar esta pintura, Goya había pintado otro Aquelarre para el Duque de Osuna. Concretamente, para este Duque desarrolló 6 cuadros relativos a la brujería y que tenían que ver con ritos y prácticas satánicas extraídas de libros de la época.

El Aquelarre (1798)

De todas formas, nada tiene que ver este Aquelarre, o poco tiene que ver este Aquelarre, mucho más luminoso y jovial, con el que pintó para sí mismo en la Quinta del Sordo, el cual, tiene una madurez de concepto y libertad expresiva sin parangón. Y donde podemos observar una estrategia similar a otros cuadros de esta colección, incluso, algunos que realizó con anterioridad, como “Los Desastres de la Guerra” o “Los Caprichos”, donde el pintor “critica severamente el influjo de los sectores oscurantistas del Antiguo Régimen restaurado en España tras la Guerra de la Independencia”.

O sea, que la obra va más allá de una simple escena de rito satánico, pues su visión sobre los personajes, podrían representar la propia sociedad española sobre la que Goya ya no alberga ninguna esperanza.

Carlos Foradada, autor del libro Goya al descubierto en las Pinturas Negras y El Coloso, dice “que podría haber alguna similitud de este cuadro con el “Tribunal de la Inquisición”, de manera que la crítica de esta obra no solo se refiere a los modos de poder y de gobierno maléficos, sino igualmente a la relación de una población, no menos diabólica, donde dicho influjo encuentra un eco adecuado.

Se trata, por este motivo, de una enajenación compartida y acrecentada por ambas partes, los manipuladores y los manipulados, que representa lo que Goya desprecia cuando decidió abandonar España”.

El Tribunal de la Inquisición (Francisco de Goya)

Vamos a seguir analizando el cuadro y a adentrarnos un poco más en la figura femenina de la izquierda del cuadro, ya que fue la protagonista que elegimos para nuestra reinterpretación de la pieza performática.

Quisimos rescatar la figura femenina del cuadro, a la que llamamos “La Mujer de la Silla”. Aquella que también tiene diferentes interpretaciones oficiales. Por un lado, se piensa que podría ser una mujer que postula a bruja. O la Donante, una figura que podemos relacionar con toda una tradición que viene del Renacimiento. Personas que costeaban el cuadro para aparecer en él junto a la divinidad, en una época en la que estaba mal visto, incluso como acto de vanidad, hacerse un retrato.

Por otra parte, ¿podría ser la continuidad a esta escena el cuadro Judith y Holofernes? La triunfadora de la escena que libera al pueblo hebreo de su tirano, el general sirio Holofernes. Esto intentaremos desvelarlo cuando consigamos rearmar los cuadros como un todo, como escenas continuas de una misma historia.

La Mujer de la Silla (Cuadro Aquelarre de Goya)

Esta pequeña pieza que hicimos de “La Mujer de la Silla” era estimulante por sí misma. Y así pasó  que cuando la representamos como pieza individual en el TAC de Valladolid (Festival Internacional de las Artes de Valladolid en el que nos otorgaron el Premio al Mejor Espectáculo), ocurrió algo que desde nuestro punto de vista fue extraordinario:

En la representación de la pieza, no nos planteamos nada demasiado concreto, simplemente evocar y ahí surgió la magia. Muchas personas terminaban emocionadas, incluso algunas lloraban cuando finalizamos la pieza. ¿Qué había ocurrido? El concepto de la pieza viajaba solo para posicionarse ante la especulación con la que habíamos afrontado la obra. Y sin más, agarrarse al significado que cada persona del público le dio. “La mujer transformada, la mujer ocultada, la liberación femenina…” escuchamos cada interpretación como un niño escucha un cuento. Era increíble el poder comunicativo de la pieza y que pudiera tener tantas vertientes.

La Mujer de la Silla (Performance TAC de Valladolid)

Podríamos decir que es una pieza en evolución y que lógicamente, no tiene que ser definitiva. El cuadro El Aquelarre esconde otros temas de interés, que podrían servirnos como complemento de la pieza o ¿por qué no? desarrollar piezas nuevas paralelas. Me interesa el mensaje político, la figura del diablo, la sociedad representada en la imagen… En fin, son temas que podemos seguir desarrollando para hacer más completa la propuesta final. Imagino que en alguna residencia que realicemos más adelante, saldrán nuevas ideas para completar la performance.

Por otra parte, y no menos interesante, como ya hemos dicho, está el orden de los cuadros, que podrían tener relevancia como escenas continuas. Pero esto creo que es bastante difícil y aun no lo tengo del todo claro y debo seguir estudiando la propuesta. Imagino que cuando tengamos una visión global de las piezas, podremos darle también un sentido continuo.

Como última curiosidad os diré que El Aquelarre es la única pintura de esta colección que no fue pintada sobre un paisaje ya existente. Parece ser que todas las pinturas de la Quinta del Sordo fueron pintadas sobre unos murales que ya existían cuando Goya se mudó allí. Y por ello, la nitidez de la radiografía que se le ha realizado a esta obra es más nítida y concluyente. (Se ha realizado un estudio radiológico de todas las piezas,  pero en este caso, por el hecho de no encontrarse sobre otra pintura, su visión para los estudios es más clara).

Las Pinturas Negras de Francisco de Goya, siguen siendo hoy día un misterio y por ello me gusta este proceso que estamos realizando en el que no cogemos el primer concepto, ese primer impulso que nos llega de la obra y reinterpretamos mostrando una obra ya acabada, más que realizar estos pensamientos, análisis, pruebas y que poco a poco, de una forma casi natural, el contexto completo vaya cogiendo su propio camino y se posicione como una obra artística única. Quiero decir, nos vamos inspirando sobre estas pinturas, pero no tengo claro que el fin de su exposición vaya a significar lo mismo que plasmó Goya.

Y aunque podría haber cierta similitud con la España del momento a la de la época de Goya, finalmente, cada tiempo, cada sociedad tiene sus miedos, sus inquietudes, sus desafíos… incluso, su forma de entender el arte.

Jorge Barroso “Bifu”

Texto El Aquelarre en audio IVOOX: https://www.ivoox.com/15×1-pinturas-negras-el-aquelarre-audios-mp3_rf_60442813_1.html

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